Quizá sea estar exactamente donde quieres estar cuando ocurre algo que merece ser recordado.
La noche continúa con una cena especial, música en directo y una elegante ambientación White & Gold.
Pero lo que más me interesa de esta propuesta sucede poco antes de medianoche.
Una chamana local guía un ritual amazónico de renovación: bendición, limpieza energética, deseos para el nuevo año y una ofrenda floral al río.
Después llegan las doce uvas, el champagne, la música y la celebración.
Pero para entonces ya ha ocurrido lo importante.
Has cerrado un año en mitad de la selva amazónica y has comenzado otro mirando uno de los grandes ríos del planeta.
Y eso me recuerda algo que intento aplicar cuando diseño un viaje:
Un gran viaje no debería limitarse a llevarte a lugares extraordinarios.
Debería conseguir que vivieras momentos que difícilmente podrías haber imaginado por tu cuenta.
Ahí está, para mí, la diferencia entre reservar un viaje y diseñarlo alrededor de ti.
Escuchar qué buscas.
Elegir el lugar adecuado.
Encontrar el momento.
Cuidar cada detalle.
Y conseguir que, cuando llegue la hora, tú solo tengas que hacer una cosa:
Vivirlo.