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07 Ago 2016
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Algo nuevo está pasando en La Vieja Habana.

 

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Desde que Barack Obama y Raúl Castro fumaron el puro de la paz, Cuba se está preparando para una nueva invasión americana.

Si las negociaciones siguen por buen camino parece que para el próximo otoño se restablecerán los vuelos comerciales con EEUU, algo que ayudará a paliar la prolongada crisis económica que sufre el país pero que cambiará para siempre el entrañable y decadente ambiente que caracteriza a la ciudad.

 

Pero antes de que la isla caribeña se inunde de turistas estadounidenses y pierda su auténtico sabor aprovecharemos desde estas líneas para dar un paseo por una de las ciudades del mundo con más encanto y que cuenta con el honroso título de estar declarada Patrimonio de la humanidad por la Unesco desde 1.981.

 

Centraremos nuestra visita en La Habana Vieja, una mezcla de estilos arquitectónicos de diferentes épocas, una ciudad antaño deseada por españoles, británicos, franceses  y estadounidenses.

 

Ver la salida del sol por encima del Castillo del Morro al otro lado de la Bahía tomando un café en la terraza de El Patio observando a la vez la hermosa fachada de la catedral en la plaza de su mismo nombre es un espectáculo que hace despertar todos los sentidos, solo por disfrutar de esta experiencia merece la pena hacer un viaje a La Habana.

 

Muy cerca, en la calle Empedrado  se encuentra La Bodeguita del Medio, una antigua tienda de ultramarinos que un gallego llamado Martinez transformó en 1950 en casa de comidas para la bohemia habanera que hoy sigue manteniendo el mismo carácter que tuvo entonces, eso sí,  algo desvirtuado por la multitud de turistas que la frecuentan.

 

Si de verdad quiere conocer a fondo el carácter que rodea a La Habana, comience con un paseo por la calle Obispo, una arteria comercial que surge del Parque Central y que termina en la Plaza de Armas.  Al comienzo de esta calle se encuentran entrañables librerías como la Moderna Poesía y Cervantes y la coctelería  Floridita donde, una vez más y a pesar de los turistas, podrá degustar de uno de los mejores cocteles, dicen, del mundo.

Un poco antes de llegar a la Plaza de Armas le sugiero que se detenga en el hotel Ambos Mundos, no por ser un referente de calidad hotelera sino porque en el se alojó Hemingway durante largas temporadas.

 

De la Plaza de Armas sale una de las calles más importantes durante los siglos XVIII y XIX, la calle Oficios,  en la que se encuentra Al-Medina, un antiguo almacén, y vivienda de un comerciante árabe donde hoy podemos degustar de una curiosa, y buena, cocina árabe-cubana servida en un hermoso patio donde deambulan orgullosos pavos reales.

 

En esta misma calle Oficios encontramos la tienda de Cuervo y Sobrinos,  creada por una familia de artesanos joyeros que en 1959 se exilio a España donde  fracasó y que desde 1994 volvió a La Habana dedicándose a la elaboración artesanal de relojes y plumas estilográficas.

 

En esta misma calle se encuentra Habana 1791, un taller artesano de perfumes elaborados al gusto del cliente, pregunte por Yamelis, la maestra perfumera, quien tras un exhaustivo examen de personalidad elaborará  un exclusivo perfume personalizado.

 

Y después de  un intenso paseo, nada como un buen hotel para reponer fuerzas. En La habana hay muchos hoteles, algunos con fama y gloria pero también en un lamentable estado de conservación. Les recomiendo 4, todos ellos en la Habana Vieja y ocupando edificios históricos, donde creo que merece la pena alojarse aunque la ubicación incremente el precio; uno es el Saratoga, lujoso y exclusivo, el preferido de las celebridades, otro el Parque Central, moderno y muy bien gestionado por la cadena española Iberostar, el tercero sería el Nacional que aunque conoció tiempos mejores merece la pena  por su ambientación y por las personalidades que ha acogido a lo largo de su historia,  y el último que recomiendo es el hostal Valencia, un humilde, pequeño y familiar hotel con un magnífico patio y vistas a la Plaza de San Francisco, otra de las joyas de la vieja ciudad.

 

Y para terminar, ¿es usted fumador y le gusta disfrutar de un buen habano? , no deje de visitar la “Real Fábrica de Tabaco Partagas” fundada en 1.845 donde conocerá el laborioso y complejo proceso de fabricación de los cigarros, pero si de verdad quiere saborear un auténtico puro a su gusto no tendrá más remedio que preguntar por Aleja en la Casa del Tabaco y Ron, junto al Floridita, ella le aconsejará sobre cuáles son los mejores cigarros para después de desayunar, comer o cenar o los más acordes con su temperamento

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jlozano

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